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INCONSCIENTE E INTERPRETACIÓN
| Lacan quod scivit, dixit |
Oscar ZENTNER
Sucede a veces que una repetición puede poner de relieve una rutina involuntariamanete oculta. Por ende me he encontrado, quizás también como muchos entre ustedes, a veces, sin saber si el rumbo que tomaba en la dirección de lo que habia escuchado se correspondía con lo que se había dicho.
Esta experiencia, común entre todos nosotros, me ha llevado a plantearme lo que quiero comunicarles bajo la rúbrica de inconsciente e interpretación. También espera poder decir, más allá de fidelidades innecesarias, porqué me encuentro en esta reunión desde una perspectiva que, sin identificar como lo mismo, no deja de sostenerse en lo que espero poder demostrar está al pie de una contra-experiencia lacaniana y que entiendo que en su diferencia es tambien freudiana.
¿Qué es lo que interpretamos cuando interpretamos? ¿Y qué es lo que no interpretamos? Es lo que deseo desarrollar ante ustedes porque Lacan quod scivit, dixit Lo que Lacan sabía, lo decía.
1. No interpretamos lo que establecemos como un axioma fundamental, pero también necesario, de lo que constituye el campo de lo que demarcamos con el discurso que permite nuestra práctica. No interpretamos a la verdad, por paradójico que parezca, de hacerlo crearíamos una especie de meta-verdad, lo cual a su vez llevaría inevitablemente a otra meta más, y así, sucesivamente. Llevaría a lo que llamamos una regresión al infinito. Por el contrario, alli donde ejercemos la eficacia de una interpretación siempre hay, explícito o no, un límite.
2. Ahora bien, si lo que interpretamos no es la verdad, lo que interpretamos es efectivamente el aristotélicamente famoso desde Freud, proton pseudos, es decir aquello que al manifestarse obliga, porque justamente no es eso, a atribuírle una causa que lo produce. Esta es, de hecho la causa, que axiomáticamente proponemos como no interpretable para evitar el engorroso problema de la meta-causa, y que acordamos desde Freud en llamar el inconsciente. Hecho que se olvida con frecuencia es que las interpretaciones , cuando lo son se dirigen a las llamadas formaciones del inconsciente, chiste, acto fallido, lapsus, síntoma , sueño
3. Ustedes lo recuerdan, Freud identificaba la verdad al inconsciente, y lo dijo en forma exquisitamente problemática. El sueño que es el camino real al inconsciente, y que a su vez es justamente lo que interpretamos, el sueño, decía, puede mentir. Pero Freud se apresuró en agregar el sueño no es el inconsciente.
4. La postulación extrema por la cual Freud desarrolla la conexión del sueño a su horizonte es precisamente el famoso ombligo del sueño, ese arco iris, mutis no interpretable, y que nosotros promovemos aquí como lo que se identifica al inconsciente.
5. Entonces, así como el Dios de Descartes era lo que éste dejaba de lado como verdad intocable para poder cuestionar todo lo que era su creación, de igual forma el inconsciente en Freud es lo que éste deja de lado para poder cuestionar/analizar así también todas sus creaciones, como el chiste, el acto fallido, los sueños, y los síntomas.
6. Hay sin embargo una diferencia, entre otras, entre Freud y Descartes. Y es que Freud estaba menos seguro acerca del inconsciente de lo que estaba Descartes acerca de Dios. Así entendemos lo que Freud señaló en Construcciones en el análisis cuya paradójica audacia consiste no en interpretar sino en construír un fantasma e identificarlo con una verdad, construída literalmente como un hecho nunca acaecido pero necesario axioma a suponer para poder explicar lo que de otra forma no se podría llegar a proponer como posible.
7. La verdad en Freud es proton necesaria y es lo que como límite permite operar sobre los diversos pseudos, que permiten como posible la interpretación. Y cuando no son estos proton pseudos los que están en juego, se recurre a la construcción que como excepción redobla en la clínica el paso fundante en la teoría al instituír un fantasma como verdad, es decir un inconsciente simbolico.
8. Estos puntos esbozados son los que encontramos tanto en la clínica como en la experiencia de transitar los escritos freudianos. Es efectivamente con ellos que podemos hacernos una idea de lo que podía ser el psicoanálisis para Freud, especificamente el inconsciente, la interpretación y la construcción. Pero se puede, sin más, mantener que éste es el mismo para nosotros? Dejaremos por el momento abierta esta cuestión examinando primero dos momentos teóricos de Lacan, y como suponemos que ambos son conocidos, moveremos rápido las citas para mostrar así un aspecto, poco tratado y que consideramos esencial. Nos referiremos a una temática que se abre en la última clase del 1 de Julio de 1959 del seminario El deseo y su interpretación y que como veremos, retoma diezciciete años mas tarde en L'insu, el 14 de diciembre de 1976.
9. En la última clase del Deseo y su Interpretación Lacan se pregunta si no deberíamos, por lo que sucede al final de cada sesión y que se correlaciona con la situación del análisis, reconocer el lugar que el corte ocupa para la ubicación del deseo, agregando, y éste es el punto que estoy subrayando, que... el corte es sin duda la forma mas eficaz de la intervención e interpretación analítica... dado que en este corte debemos reconocer la forma latente de este objeto fálico inherente a toda relación de demanda como significante del deseo. Pero, quizás anticipando correctamente lo que vendrá, cuando su estilo será momificado en una técnica, se apresura a desafiar a su audiencia en el marco de lo que nombra como contrepetèrie, equivocación, contraposición de letras, a que descifren si son mas capaces que él, este enigma, extraído de una línea de un poema de Désiré Viardot llamado Fantomas, y que repito acá en traducción libre: la mujer tiene en su piel un grano de fantasía.
10. Pero en tanto y en cuanto que es hacia otro fin que trata de llevar a su audiencia, les da inmediatamente la clave de este enigma: Este grano de fantasía que es lo que está en cuestión es lo que modula y modela la relaciones del sujeto de quien ella demanda, quienquiera que sea y sin duda no es por nada que encontramos allí, el sujeto que contiene todo, la madre universal... y señalando el peligro del aluvión de cliches psicoanalíticos les advierte que no se extravien en el narcisismo de completud, De hecho Lacan iniciaba aqui con el enigma una diferencia importante con Freud, al introducir el corte como inauguración de lo simbólico. Y es así que se despide. Podrán ellos, con este enigma ir más lejos que él: Aquí no es sólo cuestión de la mujer que nosostros tenemos que desear este grano de fantasía o este grano de poesía, sino del análisis mismo.
11. Si articulamos esta despedida con lo que retomará en L'insu, podremos seguir un hilo conductor que es a todas luces la constante en una misma vía. Es más, este enigma permanece, y lo hace a la manera en que según una historia, apócrifa o nó, de un texto perdido en el año 200 DC de Eúripides sobre Edipo, lo hace aparecer ya en el exilio y acompañado por Antígona que se transforma en la esfinge para interrogar una vez mas al héroe. Para los que sientan curiosidad les cuento que, según mi recuerdo, ésto lo leí hace muchos años en Lacan. Lo unheimlich es que luego, a la manera del Libro de la Arena de Borges, nunca lo volví a encontrar. Desde entonces, consulté a autores especializados y no encontré al respecto nada. No creo que mi alucinación visual sea estructuralmente necesaria para probar desde el otro lado porqué estoy de acuerdo en que el psicoanálisis es delirio-ciencia.
12. Veamos entonce si mi aseveración, la que les he planteado de acuerdo al Deseo y su intepretación, es sostenible. Lo que se desprende desde los primeros escritos de Freud, precisamente de sus cartas a Fliess, y que para nosostros es cuerpo a interpretar, son las vertientes de los síntomas, los sueños, chistes, y actos fallidos. Concomitantemente, en esos primeros escritos el lugar del fantasma quedaba ocluído en las hipótesis freudianas por el trauma. Efectivamente trauma y síntoma ocupaban el firmamento teórico mientras que la mentira histérica, los proton pseudos de la época propiamente psicoanalítica, entrarán en el espacio de toda la gama de la psicopatología de la vida cotidiana. Ellos, para ser breves, son del dominio de la no-verdad, y ellos son los que permiten a la acción analítica su promoción.
13. Paralelamente, es alrededor del origen de la fantaías perversas que Freud como sabemos necesita crear, inventar, construír, una etapa intermedia que nunca ha tenido lugar. Es desde El deseo y su interpretación que podemos diferenciar mas claramente lo que Freud indicó implicitamente: la fantasía perversa no es la perversión, aquella a la que el sueño diurno del neurótico se dedica no tiene nada que ver con esa subversión del actuar que es el escenario propio del perverso.
14. Llegamos así a la clase del 14 de noviembre de 1976, donde Lacan interpela a su audiencia con una advertencia cuyas consecuencias serán mayores, a saber, que... avanzamos muy suavemente hacia la contradicción que he llamado l'une bevue , y agrega, L'une bévue es un todo falso y su tipo es el significante... lo horroroso es que lo real y lo verdadero no son sinónimo. La consecuencia de esta afirmación: que L'une bévu, lo falso, el significante lo simbólico y también lo verdadero son sinónimos, se entiende la lógica en juego, lo real alli sólo hace límite a toda eficacia del discurso psicoanálitico, incitando ese punto en el cual hay ruptura epistemologica y cambio de discurso. Punto en el cual el real del psicoanálisis se diferencia radicalmente del real de la ciencia, no por nada habia afirmado Lacan que la lógica era la ciencia de lo real.
15. Sostengo que lo verdadero en Lacan se correspondía a los proton pseudos en Freud, y que cuando Lacan repetía que no se puede decir lo verdarero sobre la verdad, se refería al mutis de lo real. Paradójicamente, la complicación consiste en que lo verdadero aparece justamente hasta el presente como constituyendo el impasse de las asociaciones psicoanalíticas: la religión, efectivamente, la verdadera, la que puede hacer Iglesia. Esto que nombro no es donde quiero detenerme, lo hago como advertencia silenciosa, porque no hablo desde una institución sino desde una práctica. Y justamente por eso, en la práctica, estamos mejor? No es seguro, sobre todo si seguimos este hilo, para mí conductor, entre dos seminarios que ocupan momentos claves y extremos de la obra de Lacan. La práctica está cuestionada porque allí también el psicoanálisis, ese autismo de a dos, ayuda a constituír una nueva creencia.
16. Ahora bien, me estoy acercando a lo que les prometí cuando citaba el final del seminario de Lacan de 1959, en el cual él valoraba el corte como la única intervención e interpretación valedera. Notemos sin embargo el cambio crucial que se da con el seminario que nos ocupa.
17. En principio, qué es lo que hubiera impedido a Lacan haber traducido Umbewusste al francés, simplemente, como inconsciente? Seguramente no un problema de correspondencia, ni siquiera esa paronomasia que tanto fascinó a Freud cuando su descubrimiento, el psicoanálisis, le llegó como mensaje invertido desde Ferenczi en húngaro: Lélekelemzés, término acuñado por éste y que corresponde, término por término, al psicoanálisis: Lélek = psico, elemzés = análisis. Qué es lo que llevó entonces a Lacan a transliterar hasta el extremo en l'une-bevue? Con lo cual el inconsciente devenia efectivamente de Lacan. Propongo que la clave estaba en esta última clase del seminario de 1959 donde hace referencia a contrepèterie, lo que de acuerdo al diccionario no está lejos de una involuntaria transposición de sonidos, o de palabras, es decir un lapsus, o sea lo que casi dos décadas más tarde deviene: l'une-bévue.
18. Recordemos una caracterización que hace del psicoanálisis en la clase del 14 de noviembre de 1976, El psicoanálisis se aficiona por poner afuera lo que está adentro, a saber, el inconsciente, pero ésto no deja de plantear cuetiones. Lo que pasará entonces a demostrar al pedir a la audiencia suponer tres toros: real, imaginario, y simbólico, y al preguntar qué es lo que se obtendrá al volver sobre sí mismo lo simbólico por medio de un corte, el resultado y su consecuencia se hacen sentir, dado que se obtendrá: Una dispocición diferente del nudo borromeo, al volverlo el toro de lo simbólico, corre el riesgo de provocar al final de un psicoanálisis, una preferencia dada en todo a lo simbólico. En definitiva, entonces, insistir en la función del saber de l'une-bévue, es llevar al sujeto a que se las arregle mejor, pero al precio de haber incluído y englobado en lo simbólico ese exterior imaginario y real, promoviendo y fortaleciendo así el sueño de la realidad sin peligro de despertar jamás. Esta promoción, producto de una práctica del psicoanálisis, si bien no únicamente la suya, era deudora de su enseñanza. Este fin de análisis en una estructura no borromeica, propia de un primer análisis, le lleva a sugerir con Freud, pero por razones opuestas, la necesidad de un segundo análisis, no porque algo no se analizó suficientemente en el primero sino, paradojalmente, porque hubo demasiado análisis en el primero. Afirmo esta paradoja por lo que él planteará casi a continuación, el segundo análisis podría sólo ser, son sus palabras, un contra-psicoánalisis. Y contra, sin duda, dado que para evitar perpetuar al primero, y sin ambigüedad, dice que hay que efectuar un segundo corte, para restaurar el nudo borromeo en su forma original. A ésto lo llamamos irónicamente en inglés: full circle.
19. Así caía de por tierra, aparentemente, lo que había sido su anhelo en 1959, dado que la promoción del corte en relación con lo simbólico, conllevaba finalizar un análisis conduciendo al sujeto post-análisis, y eso lo hemos visto muchas veces en la clínica de segundos análisis, a terminar dando toda explicación al inconsciente como una causa/verdad eficiente, formal, material, y final, y así, cada cual con su templo en casa, como se da con ciertas prácticas del hinduísmo. Como consecuencia, el prerequisito parar ir mas allá del inconsciente, no es apuntar a lo verdadero, sino a lo real.
20. Por lo mismo, en la clase del 19 de abril del 1977 recurre otra vez, como en 1959, a la ayuda de la escritura poética como la dimensión, ésta vez de lo que podría ser la interpretación analítica, un forzamiento por el cual el psicoanálisis podía llegar a otra cosa que un sentido, llegando a la verdad poética - una casi aletheia Heideggeriana.
21. Algunas almas piadosas querrán ver en lo que cité del seminario El deseo y su interpretación una figura de retórica, y en el del L'une-bévue... simplemente un nudo borromeo topológicamente restaurado. Me atendré a lo que Lacan dice en Palabras sobre la histeria el 26 de febrero de 1977 para justificar porqué esa no podría ser mi lectura, y sugiero que no podría ser una lectura valedera por que no son mis palabras sino las de Lacan mismo quien dice, Lo real está en el extremo opuesto de nuestra práctica, es decir que desde nuestra práctica operamos con el sentido y eso es la interpretación, lo real el sinsentido es lo que se nos escapa como el objeto de la ciencia. Y para las almas no tan piadosas agrega, nuestra práctica es una estafa*, considerada desde ese punto de fuga del objeto... desde el punto de vista ético nuestra profesión es insostenible...
22. Pero además, Lacan efectúa una vuelta más, que a mi parecer es su corte epistemológico con Freud - separar el objeto(a) como causa real y el deseo inconsciente como causa simbólica del Otro. Este es un límite tanto a las posibilidades del análisis como a la identificación del inconsciente como causa. Como lo dijera Goethe: Dios no puede pagar todos los dias por los platos rotos. Esto explicaría aún más ese segundo corte, un contrapsicoanálisis, pero también un contra el sentido. Para concluir, y esta es mi propuesta, el inconsciente es causa únicamente en el significado etimológico originario de esa palabra en griego, término jurídico que implicaba: imputar. El latín lo interpretó también juridicamente pero por lo contrario: caveo, que quiere decir: defender. Y ésto es exactamente lo que rescatamos como propuesto por Lacan de la necesaria función de un segundo análisis: un contrapsicoanálisis. No otra es la contra-experiencia. Por lo mismo, sigo afirmando que Lacan quod scivit, dixit lo que Lacan sabía, lo decia y que el famoso retorno a Freud, es el punto de no retorno.* Aun si lo que Lacan tomaba en cuenta para esta afirmación era la poesia, las consecuencias no son menores
© Les Etats Généraux de la Psychanalyse - 2001 -