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La clínica psicoanalítica
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Transmisión del psicoanálisis
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Las instituciones analíticas
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La relación del psicoanálisis
a lo social y lo político
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La relación del psicoanálisis
al arte, la literatura y la filosofía
- La relación del psicoanálisis
con el derecho, las neurociencias, la biología y la genética
1 - La clínica
psicoanalítica
Lo
que especifica la práctica psicoanalítica es el reconocimiento
de transferencias inconscientes, de la resistencia y del auxiliar
que ellos constituyen
para el análisis y para el advenimiento del sujeto que ella
promueve. El arte de practicar el análisis se confunde con
el arte de resolver "la neurosis de transferencia" aparecida
en el análisis y que puede hacer que, eventualmente, un analizante
devenga analista.
Las transferencias
del analizante y el deseo del analista estando al comienzo de la
experiencia (el lugar del "sujeto supuesto saber" donde
viene a ubicarse el analista ya está anticipado en la historia),
¿qué devienen las categorías nosográficas
heredadas de la psiquiatría? Son las modalidades de la transferencia,
de la resistencia y de la puesta en forma (mise en place) del fantasma
(modos de anudamiento del sujeto al objeto del deseo) los que esclarecen
el curso del análisis. La única "neurosis"
que el analista conoce es, según Freud, "la nueva neurosis
artificial" (agreguemos: o "la nueva psicosis") que
se manifiesta por la transferencia.
¿No convendría
quizás decir, hoy: la nueva relación del sujeto al
fantasma, a la realidad, a lo real?
Entre dos riesgos,
el de la psiquiatrización del psicoanálisis y el de
la psicologización, ¿existe una posibilidad epistemológica
de despejar una autonomía de la clínica psicoanalítica
respecto de toda concepción objetivante de la relación
al otro importada de otros campos del saber?
En vista de dicha
posibilidad, ¿cuáles son las variaciones del protocolo
analítico que pueden ser encaradas? Una relación específica
entre la tekné (el arte del análisis) y la episteme
(el saber) queda por elucidar.

2 - Transmisión
del psicoanálisis
La
especificidad de la transmisión del psicoanálisis se
debe a que el saber esperado del psicoanalista, como en toda disciplina,
y cuyas las elevadas exigencias Freud formulaba (en Análisis
profano) para un Instituto o una Escuela, se redobla con la experiencia
misma de un análisis cuyas modalidades de efectuación
están reguladas por las asociaciones privadas. Cada una de
ellas tiene una relación particular con la herencia de Freud
o alguno de sus sucesores, y una relación de poder en relación
a ese saber cuya guarda se atribuye.
En vista de la preocupación
real de preservar la herencia del pensamiento psicoanalítico
y de transmitir el saber sobre el modo tan singular de la experiencia
de un análisis, susceptible de volver a cuestionar ese saber,
tienden a perpetuarse transferencias no resueltas que a la vez regulan
las relaciones entre los colegas e impregnan de un modelo la dirección
del análisis, allí donde la necesidad se impone de una
constante invención. Las relaciones fijadas del sujeto al fantasma
y al objeto del deseo, cuando no el empantanamiento de un conflicto
de generación en generación, están desde entonces
expuestos a transmitirse como tales.
Si podemos comprender
históricamente que la relación analista analizante se
ha encontrado en coalescencia con la relación maestro alumno,
¿no dispondríamos hoy de una reflexión sobre
la experiencia que pueda despejarla de ello? ¿Cómo aportar
un suplemento de análisis a las modalidades actuales de la
transmisión y de la validación de la experiencia? ¿Cómo
evitar que se inviertan en la relación entre analistas la autonomía
y la independencia adquiridos por el análisis?

3 - Las instituciones
analíticas
Hay
dos modos de existencia del psicoanálisis. Uno, como experiencia
singular en el curso de la cual la sociabilidad interna del sujeto
se mueve en el espacio "privado" de la situación
analítica, en la "neurosis" o la "psicosis"
de transferencia o, dicho de otra manera, en la relación
al fantasma y a la realidad. El otro, en la cual el psicoanálisis
se manifiesta en el dominio "público" a través
de la teoría, las instituciones analíticas, la relación
a lo social y a lo político.
Estos modos de existencia
del psicoanálisis ¿están, acaso, destinados
a un clivage, o podemos plantear como posible su correpondencia
teniendo en cuenta los problemas que puede plantear la manera en
que se responden el uno al otro?
¿Cuál
sería el porvenir de esta "co-respondencia" para
el psicoanálisis, cómo se inscribiría en las
escuelas de psicoanálisis, como podría modificar el
lazo social en general y el lazo social entre analistas particulares?
Y ¿cómo podría resistir a las derivas del sectarismo
o de la estandarización burocrática, respetando las
diferentes corrientes del pensamiento que lo animan pero también
sometiéndolas al rigor de la razón analítica?
4 - La relación
del psicoanálisis a lo social y lo político
Numerosos
ejemplos en la historia del movimiento psicoanalítico testimonian
de la falta de consideración de la relación del psicoanálisis
a lo social y a lo político, mas allá de cuales hallan
podido ser las reflexiones despejadas en ese dominio por Freud y
sus sucesores. Un a-politicismo marcado ha cubierto, a menudo, políticas
estatistas insostenibles.
¿Puede despejarse
un pensamiento analítico de lo político, una contribución
de este pensamiento para la historia social y la evolución
de las sociedades, a la reflexión concerniente los derechos
del hombre, a la concepción tradicional de la ética?
Mas precisamente, ¿como juzgar, en relación a un tal
pensamiento, los diferentes modos de inscripción de la práctica
del psicoanálisis en relación a las reglamentaciones
sociales o profesionales variables según cada país,
en relación a los cambios socioculturales, a la crisis generalizada
del pensamiento, a la progresiva restricción del dominio
privado?.
¿Puede el
psicoanálisis adherir al principio de flotabilidad universal
de sus instituciones en relación a los poderes políticos
y frente a los cambios culturales profundos de nuestra sociedad?
El psicoanálisis
de niños, la presencia de analistas en el dominio de la educación
o en las instituciones de cuidados, su relación al trabajo
social y a los cambios sobrevenidos en la demanda de análisis,
el incremento considerable del número de analistas, tantos
datos que han modificado la práctica más clásica,
¿cómo se rinde cuenta de ello?
5 - La relación
del psicoanálisis al arte, la literatura y la filosofía
Reconociéndoles
una anterioridad en el conocimiento de la realidad psíquica,
el psicoanálisis a menudo ha tomado apoyo en la literatura
y el en el arte para explayar sus descubrimientos. La crítica
literaria y la crítica del arte encuentran hoy en el psicoanálisis
una nueva fuente de reflexión. ¿Cuales son las nuevas
avenidas que, para el pensamiento, podría abrir sus encuentros?
Sea para inspirarse,
o para delimitarse, la lectura de filósofos ha impregnado la
obra de Freud y, luego, la de Lacan, a mas de un título, por
no nombrar mas que a estos. Muchos de los conceptos que usan pertenecen
a la historia de la metafísica, han sido forjados con la misma
materia lenguajera (langagiere) de la que han sido heredados. ¿En
qué medida se independizan de esta historia? ¿Qué
estabilidad pueden tener los conceptos en psicoanálisis? ¿Cómo
se renuevan?
Varias corrientes
de la filosofía han tomado en cuenta hoy los avances del psicoanálisis
y la cuestionan en retorno: sobre su doctrina de la verdad, sobre
su idealización de la letra, sobre sus modelos interpretativos,
sobre sus mitos del origen, cuando no sobre las insuficiencias de
su reflexión concerniente a la violencia social, el derecho,
la justicia o sus propias instituciones. Este cuestionamiento no es
sin arrastrar reordenamientos en la teoría psicoanalítica:
sobre la relación de la palabra al escrito, al trazo y su borramiento,
sobre la cuestiones de la sexuación y del goce. Incluso en
varios aspectos de su práctica.
6 - La relación del
psicoanálisis con el derecho, las neurociencias, la biología
y la genética.
Desde
la Shoah, el crimen primordial perpetrado en nombre de la violencia
mítica que instauraría la ley no sería ya solo
el parricidio sino el crimen contra la humanidad que alcanza hasta
el entroncamiento biológico de la realidad psíquica
y de la crueldad fundamental despojada de toda consciencia de culpabilidad.
Esta violencia mitológica intenta apropiarse una violencia
divina cuya pretendida "justicia" sería irreductible
al derecho. Einstein y Freud deseaban ya en 1933 someter ese crimen
primordial, aún sin nombre, a una jurisdicción supranacional.
¿Cuál
es hoy nuestro concepto del hombre? ¿Obtiene acaso su consistencia
como sujeto de un conjunto neuronal vuelto sensible a sus experiencias
por las sinapsis del dolor o del placer, o como sujeto de la palabra
y la letra, del deseo y de la ley?
¿En qué
el progreso actual de la biología molecular y de la genética
podrían poner en cuestión la teoría freudiana
de las pulsiones? ¿Cómo pensar entonces las diferentes
etapas del salto que va del dispositivo pulsional a una combinatoria
del representante de la representación?
Los substratos moleculares
no explican, al menos no aún, como el sujeto de las constricciones
biológicas es capaz de volver su servidumbre "voluntaria"
o de querer liberarse de ella. La exclusión del sujeto del
inconsciente del campo de las ciencias del viviente hace aparecer
el espectro de un hombre máquina de humores regulados químicamente
o su correlato puramente religioso.
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© Les Etats Généraux de
la Psychanalyse 2001 |
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